ImagÃnatelo, piensa en ello. Puede sonar a reflexión trivial, tÃpica y sabida, pero tómate unos minutos en pensarlo … Hasta hace unos años no existÃan, y el mundo funcionaba, las empresas, los negocios, la vida … Si analizamos un poco lo dependientes que somos de estos aparatos, es para asustarse, y más ahora que los móviles sirven para hacer casi de todo, desde escuchar música hasta ver la televisión, pasando por el correo electrónico, grabar vÃdeos o hacer fotos, navegar por la web y por supuesto, su en teorÃa primer y principal fin : hablar por teléfono.Â
Hoy uno se siente desnudo, vacÃo si se olvida el móvil en casa o tiene la mala suerte de extraviarlo. Tantas cosas en nuestra vida cotidiana giran en torno a el, sobretodo si lo utilizamos como herramienta de trabajo, agenda, contactos, mensajes, eventos … Muchas veces lo odiamos por la poca intimidad que nos aporta, los dÃas que no nos deja un segundo de tranquilidad o descanso. Otras veces lo adoramos por los buenos momentos que nos proporciona, por su capacidad de llevar con nosotros tantas cosas que nos gustan en tan poco espacio.
Nos conecta con los seres queridos y también con los “odiados” … como todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, depende mucho del uso que cada uno le dé y de las capacidades que tenga el de cada uno.
Yo me he propuesto pasar un dÃa de vez en cuando sin el, normalmente ha de ser fin de semana o dÃa de descanso, pues es una herramienta imprescindible para mi trabajo diario, pero os aseguro que la sensación es extraña pero estupenda.  Me considero un freak de la tecnologÃa, mi móvil es un iPhone 3G, pero de verdad que no supone casi esfuerzo. Si alguien necesita localizarme de verdad por una urgencia real, lo hará si de verdad asà lo quiere, hay otros medios, antes los habÃa y no han desaparecido.
Es cierto que nos deshumaniza en cierto modo, nos aisla, que el contacto fÃsico, las reuniones para tratar infinidad de temas son muchas veces sustituidas por reuniones móviles, videochats a tres bandas o múltiples correos electrónicos. Cuando un dispositivo que cabe en la palma de la mano es capaz de hacer tantas cosas, crea necesidades muchas veces banales … pero las crea.
Llevo un par de meses haciéndolo, una vez cada diez o quince dÃas lo apago y lo meto en un cajón y paso el dÃa sin el de lo más tranquilo. He de confesar que a veces pienso en el, si tendré llamadas, mensajes , habrá novedades en la App Store … pero al dÃa siguiente cuando lo enciendo y llegan las novedades, me doy cuenta de que no me he perdido nada que no pueda esperar un dÃa, unas horas de tregua, un poco menos de esclavitud … porque a veces asà me siento, como esclavo de un aparato del que dependen muchas cosas de mi vida …
Admiro en cierto modo a los que no lo utilizan, ni siquiera lo tienen, aunque no lo creamos, los hay. Muchos de ellos personajes conocidos, famosos, quizá es que ellos pueden permitirse ese lujo, o quizá es que se han dado cuenta a tiempo y no desean ser esclavos, vivir atados … Os animo a intentarlo, a ver como os sentÃs …
















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